20 de abril de 2012

Graffiteras del ganchillo

Desde que las conocí me fascinaron. Me refiero a las “guerrilleras” del crochet y las agujas, esas mujeres y hombres (pocos, pero los hay) que, clandestinamente “asaltan” monumentos, esculturas, mobiliario urbano, árboles, puentes… o lo que ofrezca el entorno callejero para vestirlos a toda velocidad con prendas hechas de punto o ganchillo por ellas mismas Para muestra, estos monísimos abrigos para los árboles de la calle Santa Isabel de Madrid, al lado del Museo Reina Sofía, realizados por el grupo Teje la Araña.




(Foto: A. Ondarroa)
El ganchillo y el punto, para algunos hobby de abuelas, se ha reinventado en un vibrante movimiento global de arte callejero, el Yarn Bombing, agitado por estas activistas de la lana. Con una cara más lúdica y tierna que la del graffiti, hay entre ambos un claro paralelismo: son intervenciones que buscan provocar o dar una llamada de atención, un deseo de alterar el paisaje urbano, una metáfora de la urgencia de transformar la realidad o una manera de decirnos que otras miradas son posibles.

El Yarn Bombing o Urban Knitting lo mismo busca despertar sonrisas que humanizar el entorno urbano, remecer las normas establecidas o simplemente tejer humor con lanas de colores en mitad del árido paisaje público. Sea cual sea su motivación, las acciones de estas simpáticas agitadoras no manchan el entorno, son menos invasivas que el graffiti, y, así como se ponen, se quitan, fácilmente.  
Como éstas guapísimas calcetas en una estatua de bronce en El Trocadero de París, una acción de Magda Sayeg , reconocida como “madre” y gurú  este movimiento.




(Foto: Jean Michel Sicot)
Al parecer, todo empezó en 2005 en Houston (Texas) con una primera acción de Sayeg, quien tuvo la feliz idea de forrar de ganchillo los tiradores de su tienda, ocurrencia que fue inmediatamente imitada en su barrio y tuvo un sorprendente efecto multiplicador a nivel mundial.  Sayeg fundó entonces  “Knitta, Please”. Y en pocos años los grupos que practican el Yarn Bombing se han extendido como setas en todo el planeta. Han llegado, por ejemplo, a los pies de la catedral de Helsinki, cuyas escaleras se cubrieron con 7.800 mantas de crochet.  Como véis, una pasada:

O también a los bolardos de esta calle valenciana, acción del Urban Knitting Valencia.

El caso es que me entraron ganas de hacer mi “personal homenaje” a este movimiento, del que me declaro fan incondicional. Cuando mostré a mi hija Lara, de siete años, algunas de sus divertidas obras y le conté que mi ilusión era  hacer algo parecido, los ojos le hicieron chirivitas.  En  ningún momento me preguntó: “¿Para qué”? “¿Con qué fin?” “¿Qué sentido tiene?”. Esas preguntas sólo las haría un adulto.
Buscamos y rebuscamos en cajones y armarios hasta encontrar un gorro de lana rojo con pompón. Nada glamuroso, claro, como todo gorro de lana con pompón, pero entrañable para mí porque lo había usado una vez para combatir el frío en una excursión por el parque natural Torres del Paine en la Patagonia chilena  hace muuuuuuuchos años.  Esa soy yo, con gorro y mochila, en dirección a un lago con glaciar.
 

Lara y yo nos lanzamos a la aventura. Estábamos un poco nerviosillas, pero entusiasmadas.
Elegí la escultura “Taponando con la mano”, de Carlos Ferreira de la Torre, en una tranquila esquina de Madrid, una obra que siempre me ha gustado.


Ahora paso a enseñaros más ejemplos de mis admirados seguidores del Yarn Bombing. ¡Son geniales!:

Un toro nada temible en Nueva York, de la artista Agata Olek. ¡Olé!

El puente Main Street en Cambridge, Ontario (Canadá), fue cubierto por lana en el Proyecto artístico KNIT CamBRIDGE Project, lanzado por la artista Sue Sturdy. Participaron durante meses cientos de “urban knitters” de todo el mundo, chicos y chicas, de todas las edades (el mayor, de 103 años, el más pequeño, 5 años)




(Foto: Annie Bee)
Unos 140 cuadrados de ganchillo y punto cubrieron al soldado romano de Botero, que vigila la bahía en A Coruña junto al museo Domus, realizado por Yarnbombing A Coruña.

Un autobús abandonado en Ciudad de México fue customizado por Magda Sayeg,  con ayuda de un equipo de guerrilleras que tardaron cinco días en embellecer a “su presa”.




(Foto: César Ortega)
Un cabina de teléfono en Londres embellecida por el célebre grupo Knit The City, la Phoned Box Cosy. 

Este invierno, por una vez la Mujer del Espejo de Botero, en la madrileña Plaza de Colón, no pasó frío . Una  mañana de enero despertó cubierta con una colorista manta hecha de 160 cuadrados de lana, acción del grupo Lana Connection.

Y termino con un homenaje en crochet de la artista Olek  a una obra del mítico graffitero Banksy, respectivamente.

Y si queréis saber qué fue de mi viejo gorro de lana rojo, os lo contaré en otro post. : )



12 ComentariosEnviado por: Ana Rodríguez

12 Comentarios

  1. paloma dice:

    Siento disentir, opino que es horrible y de muy mal gusto, cutre, cutre, (el peor de todos el del trocadero de París y el de Botero La Coruña que parece una señora gorda en la playa) pero al menos es “solucionable”, no como los graffitis.
    opino que deberías conformaros con que semejantes “horrores” colgaran de las paredes de vuestras casas, y no martirizar al personal, que bastantes fealdades tenemos que ver cada día. (lo peor es ese empeño de que los demás disfruten con vuestros inventos)
    Si los artistas del renacimiento levantaran la cabeza se morían otra vez del espanto.

  2. paloma dice:

    ah se me olvidaba, ¿ no podríamos dejar a los árboles respirar en paz ? seguro que se está acordando de la madre del que le plantó el inventito encima.

  3. gelines dice:

    pero bueno! q es viernes mujer! no he podido evitar comentar, puesto q no me parece para tal cabreo la historia. el arte está dónde menos imaginamos… y buenjo, gracias a dios no estamos en el renacimiento!

  4. Maria dice:

    Yo soy una fanática del crochet y del punto en general pero coincido con Paloma en que esto es absolutamente aberrante y del peor gusto.

  5. Lourdes dice:

    Vamos gente, un poco de sentido del humor. Pues me parece simpatiquísimo el movimiento este de humanizar el arte. Es como para sentirse tan artista como Christo, pero en plan doméstico. Ya que no podemos envolver gigantescos edificios o cubrir extensas áreas públicas al menos podemos darle colorido a las ciudades y alegría a las esculturas. Yo me apunto a las guerrilleras del ganchillo, feliz me llevaría una de sus obras a casa.

  6. Kristina dice:

    Pues a mi me encanta. Que pena no lo he visto por la calle todavía

  7. paloma dice:

    si esto es arte yo soy Leonardo Da Vinci y Viva el Renacimiento y el ARTE CON MAYUSCULAS ¡¡¡

  8. Margarita dice:

    Son súper originales!!! Y si los que hacen armamentos usarán ganchillos y lanas de colores, el mundo sería muy distinto, como un bello arcoiris.

  9. Ana M. Jiménez dice:

    Divertido, fresco y súper original. Así lo veo yo. Si se considera arte o no, es muy subjetivo. A mí sí me lo parece. En cualquier caso, yo creo que lo interesante es no tomar una época concreta de la historia como único modelo de arte, ya que ello puede hacer que no se valoren en su justa medida nuevas formas artísticas de expresión como ésta.

  10. Teresa Herrero dice:

    Tanto como nuevas formas de expresión artísticas… no diría yo, pero en fin, que me gusta que la gente se organice y plantee acciones mientras sean respetuosas con el medio ambiente y la obra de otros. Ahora que -ya puestos a polemizar- a mí hay algunas esculturas que no me importa que las tapen “los boteros”, por ejemplo, creo que ganan con el ganchillo…